martes, 10 de junio de 2008
Fito & Calamaro
Me sorprendió encontrar en las que las cada vez más limitadas tiendas de discos de Carlos Slim, encontrar el disco de la gira que el año pasado realizaron Andrés Calamaro y Fito & los Fitipaldis por España y Argentino. Pocas veces hemos visto al viejo Salmón, tan acoplado con otro artista, quizá sólo con Ariel Roth alcanzó la química que se nota con Fito Carbrales, un songwriter, como dicen los gringos de altísimos vuelos, pese a que en México siempre pop no ha tenido la acogida que se merece. Lástima que la chilanga banda no pudimos presenciar ese tour de force. Nos conformamos con contar los días para que Calamaro venga por primera vez a nuestra ciudad. Que me perdonen los seguidores de Sabina y Serrat, sin duda maestrísimos de la lírica en castellano. Pero la dupla Calamaro & Fito, los superó rock and rollo.
jueves, 5 de junio de 2008

No deja ser curioso que entre los críticos y especialistas en rock que escriben, se hable de Willie Nile como un nuevo songwriter. Resulta que este hombre tiene casi sesenta años y graba discos desde 1980. Cierto es que no es muy prolífico, pero de eso a decir que es un jovencito tampoco. Como sea, esto no demerita en lo más mínimo su talento. Lou Reed se ha referido a él como un gran artista, lo mismo ha hecho Bruce Springsteen y Bono -aunque este último cada vez sea menos confiable como referencia. Claro que es peor que no lo conozcan. Nile tiene amargura y fuerza, aún cuando a veces suena demasiado a Dylan tiene una actitud punk que lo distingue. No es tan épico como Springsteen, ni tan literario como Reed y tampoco tan irónico como Warren Zevon, pero es indudable que merece ser más conocido. Por supuesto que en México sus discos son iconseguibles, pero si tienen modo Amazon resuelve el problema para conseguir esa pequeña maravilla llamada "Streets of New York".
miércoles, 4 de junio de 2008
Con ustedes Juan Gelman
La pretensión
El disparate de la tristeza y
sus animales que
huergan por todos lados
son más verdaderos que yo.
Estas palabras
son más verdaderas que yo.
Son materia y no tiempo,
en sus entrañas hay
una piedra que nunca se acaba.
Los hijos de los hombres se creen
que mojarlas con vino
les quitará conciencia, fuego.
Hay palabras que esperan y nadie las toma.
Solas ahí en silencio florido.
(Mundar. Editorial Era).
El disparate de la tristeza y
sus animales que
huergan por todos lados
son más verdaderos que yo.
Estas palabras
son más verdaderas que yo.
Son materia y no tiempo,
en sus entrañas hay
una piedra que nunca se acaba.
Los hijos de los hombres se creen
que mojarlas con vino
les quitará conciencia, fuego.
Hay palabras que esperan y nadie las toma.
Solas ahí en silencio florido.
(Mundar. Editorial Era).
lunes, 5 de mayo de 2008
¿qué es la izquierda?
Ayer, en una comida con familiares y amigos se dio una polémica sobre la izquierda. Me parece absurdo que el argumento de los "vanguardistas izquierdosos", resuman una ideología a un personaje como López Obrador. Ahora resulta que en México, sino estas con AMLO no eres una persona de izquierda y sí un simpatizante de Felipe Calderón. Qué patético. En fin así es el nivel del discurso de nuestros "zurdos progresistas". Recuerdo a Octavio Paz, cuando señalaba que era triste como la izquierda, cuyo origen era la crítica, había perdido esa capacidad hacia si misma.
jueves, 10 de abril de 2008
algo sobre élmer mendoza
Élmer Mendoza. Balas de plata. Tusquets. 254 pp.
¿Será coincidencia que las iniciales de Élmer Mendoza (Culiacán, 1949) sean las mismas que las del policía Edgar “El Zurdo” Mendieta? En todo personaje siempre hay algo del autor y seguro esta no es la excepción. Hay a quienes entretiene descubrir las proyecciones personales a través de la ficción, el juego se vale. Sin embargo, tampoco creo que Mendieta sea un alter ego de Mendoza. Es cierto que Balas de plata, flamante y merecida ganadora de la segunda edición del Premio Tusquets de Novela, retoma al personaje del protagonista –la primera vez fue en un cuento, que publicamos en mi era en Playboy-, pero quizá habría que esperar un poco más para comprobar si en verdad existe una relación simbiótica entre ambos. Al contrario de esto, donde el escritor sinaloense sí consigue una verdadera literatura reflejo, es al momento de construir atmósferas y situaciones que describan el modo en que opera el poder en México. Para descubrir el asesinato de Bruno Canizales nada mejor que acudir al género negro, tal vez algún escritor con el ego enorme, se habría decantado por realizar una novela más de corte político. No obstante, Élmer Mendoza, que anteriormente había mostrado músculo en El asesino solitario, sabe que difícilmente hay un género que mejor refleje el lado oscuro de la sociedad y por lo mismo del ser humano que el policiaco. Atrás de la muerte de Bruno hay un entramado complejo, digno de un país como México, donde cualquiera puede ser culpable: el narcotráfico, el padre con aspiraciones políticas, la pretendiente, el novio, etc. La novela es por demás creíble, Élmer Mendoza conoce perfectamente los escenarios del noroeste. Sus virtudes y sus infiernos, sus diálogos y sus señas. Pero hay más, el narrador norteño que hace apenas un puñado de años deslumbrara a Arturo Pérez Reverte, sabe –como casi cualquier culichi- cómo opera el narco. Y es en este punto donde Mendoza consigue uno de sus grandes aciertos, sin demagogia ni doble moral, presenta una novela con todos los elementos del México contemporáneo, el país de la simulación.
Del resto, no hay más que ubicarnos. Edgar “El Zurdo” Mendieta pertenece a la tradición de policías latinos –y aquí por supuesto incluimos a los españoles e italianos-: personajes no tan duros como los sajones, con una cultura relativamente superior a la que podríamos imaginar, perdedoros en el amor y en la vida misma, etc. Y es que sí Élmer Mendoza nos convence de que un maestro de literatura se puede convertir en policía, casi casi nos puede convencer de cualquier cosa. No hay duda que estamos ante una clásica novela negra quizá en el mismo nivel que El complot mongol o Cuatro manos, mas aquí no para la cosa. Si todavía existe alguien que considera que este género carezca de riesgos estilísticos, aquí topará con pared. Basta mirar los diálogos a renglón seguido para entender que tras la historia hay una tramoya estética ambiciosa y poco complaciente. Todo para llegar a dos palabras: excelente literatura.
¿Será coincidencia que las iniciales de Élmer Mendoza (Culiacán, 1949) sean las mismas que las del policía Edgar “El Zurdo” Mendieta? En todo personaje siempre hay algo del autor y seguro esta no es la excepción. Hay a quienes entretiene descubrir las proyecciones personales a través de la ficción, el juego se vale. Sin embargo, tampoco creo que Mendieta sea un alter ego de Mendoza. Es cierto que Balas de plata, flamante y merecida ganadora de la segunda edición del Premio Tusquets de Novela, retoma al personaje del protagonista –la primera vez fue en un cuento, que publicamos en mi era en Playboy-, pero quizá habría que esperar un poco más para comprobar si en verdad existe una relación simbiótica entre ambos. Al contrario de esto, donde el escritor sinaloense sí consigue una verdadera literatura reflejo, es al momento de construir atmósferas y situaciones que describan el modo en que opera el poder en México. Para descubrir el asesinato de Bruno Canizales nada mejor que acudir al género negro, tal vez algún escritor con el ego enorme, se habría decantado por realizar una novela más de corte político. No obstante, Élmer Mendoza, que anteriormente había mostrado músculo en El asesino solitario, sabe que difícilmente hay un género que mejor refleje el lado oscuro de la sociedad y por lo mismo del ser humano que el policiaco. Atrás de la muerte de Bruno hay un entramado complejo, digno de un país como México, donde cualquiera puede ser culpable: el narcotráfico, el padre con aspiraciones políticas, la pretendiente, el novio, etc. La novela es por demás creíble, Élmer Mendoza conoce perfectamente los escenarios del noroeste. Sus virtudes y sus infiernos, sus diálogos y sus señas. Pero hay más, el narrador norteño que hace apenas un puñado de años deslumbrara a Arturo Pérez Reverte, sabe –como casi cualquier culichi- cómo opera el narco. Y es en este punto donde Mendoza consigue uno de sus grandes aciertos, sin demagogia ni doble moral, presenta una novela con todos los elementos del México contemporáneo, el país de la simulación.
Del resto, no hay más que ubicarnos. Edgar “El Zurdo” Mendieta pertenece a la tradición de policías latinos –y aquí por supuesto incluimos a los españoles e italianos-: personajes no tan duros como los sajones, con una cultura relativamente superior a la que podríamos imaginar, perdedoros en el amor y en la vida misma, etc. Y es que sí Élmer Mendoza nos convence de que un maestro de literatura se puede convertir en policía, casi casi nos puede convencer de cualquier cosa. No hay duda que estamos ante una clásica novela negra quizá en el mismo nivel que El complot mongol o Cuatro manos, mas aquí no para la cosa. Si todavía existe alguien que considera que este género carezca de riesgos estilísticos, aquí topará con pared. Basta mirar los diálogos a renglón seguido para entender que tras la historia hay una tramoya estética ambiciosa y poco complaciente. Todo para llegar a dos palabras: excelente literatura.
jueves, 3 de abril de 2008
zacatecas
En Zacatecas hay dos estaciones la del tren y el invierno. Hace un frío de perros, pero bueno, la idea de ir a su festival no estaba nada mal. La visita de Bob Dylan al norteño estado, era todo un suceso. Llegaron mochileros de varios lares del país, para ver al compositor más influyente de la segunda mitad del siglo XX -aunque se enojen los beatlemaniacos-. Según los datos oficiales fueron cerca de doce mil las personas que asistieron a un concierto, que parece ser, fue el más largo que el músico dio en México. Dylan tocó clásicos en sus versiones tipo bluegrass, "Masters of war", "I'ill be your baby tonigth", "All along the watch tower" y por supuesto "Like Rolling Stone". A nivel musical no hay queja sigue tocando como los grandes. No obstante me descolocó saber que ahora es un divo. Su exigencias en materia de seguridad fueron en exceso, pedir trescientos policias es demasiado, sólo Bush y eso con razón porque tiene tal cantidad de enemigos, que bueno al menos de un sape no se salva. ¿Pero Dylan? Exagerdo creo. O ¿por qué cobró 360 mil dólares por el concierto en Zacatecas, cuando en todos lados tuvo una tarifa de 160 mil. Quiza supuso que como este es uno de los estados con más alto nivel de exportación de braseros, pensó que la ciudad tendría millones de dólares. En serio, mal, ¿dónde quedó el espíritu en aventurero y revolucionario, sólo es materia de conciones? Con todo y todo es un master. Ni pex.
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